Extracto del libro “La Imagen-Tiempo: Estudios sobre cine 2” de Gilles Deleuze.

deleuze

 

“Si consideramos la obra de Kubrick, vemos hasta qué punto lo qué está puesto en escena es el cerebro. Las actitudes de cuerpo alcanzan un máximo de violencia, pero dependen del cerebro. Es que, en Kubrick, el mundo mismo es un cerebro, hay identidad del cerebro y el mundo, como en la gran mesa circular y luminosa de: Dr. Strangelove. Teléfono rojo volamos hacia Moscú, el ordenador gigante de: 2001. La odisea del espacio, el hotel Overlook de El resplandor, la piedra negra de 2001 preside tanto los estadios cósmicos como los estadios cerebrales: ella es el alma de los tres cuerpos, Tierra, Sol y Luna, pero también es el germen de los tres cerebros, animal, humano, maquinístico. Si Kubrick renueva el tema del viaje iniciático, es porque todo viaje en el mundo es una exploración del cerebro. El mundo-cerebro es La naranja mecánica, o incluso un juego de ajedrez esférico donde el general puede calcular sus posibilidades de promoción según la relación de los soldados muertos y de las posiciones conquistadas (Paths of Glory). Pero si el cálculo falla, si el ordenador se trastorna, es porque el cerebro no es un sistema razonable más de lo que el mundo es un sistema racional. La identidad del mundo y el cerebro, el autómata, no forma un todo, sino más bien un límite, una membrana que pone en contacto un afuera y un adentro, los hace presentes el uno al otro, los confronta o los afronta.  El adentro es la psicología, el pasado, la involución, toda una psicología de las profundidades que mina el cerebro. El afuera es la cosmología de las galaxias, el futuro, la evolución, todo un sobrenatural que hace explotar el mundo. Las dos fuerzas son fuerzas de muerte que se abrazan, se intercambian y en última instancia se tornan indiscernibles. La loca violencia de Alex, en La naranja mecánica, es la fuerza del afuera antes de pasar al servicio de un orden interior demente. En La odisea del espacio, el autómata se trastorna desde dentro, antes de ser lobotomizado por el astronauta que penetra desde afuera. Y, en El resplandor, ¿cómo decidir qué viene de dentro y qué viene de fuera, percepciones extrasensorias o proyecciones alucinatorias? “El mundo-cerebro es estrictamente inseparable de las fuerzas de muerte que perforan la membrana en los dos sentidos. A menos que opere una reconciliación en otra dimensión, una regeneración de la membrana que pacificaría el afuera y el adentro y recrearía un mundo-cerebro como un todo en la armonía de las esferas. Al final de La odisea del espacio, es una cuarta dimensión, donde la esfera del feto y la esfera de la Tierra tienen la posibilidad de entrar en una nueva relación inconmensurable, desconocida, que convertiría a la muerte en una nueva vida.”

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Editorial Paidos. 1987.