El acorazado Potemkin (1925) de Serguéi Eisenstein

Basada en hechos reales, esta obra maestra nos relata los hechos acontecidos en Odesa en 1905 donde los marineros del acorazado de Potemkin se rebelan contra los jefes del barco por los malos tratos y los abusos. Destaca Eisenstein en su montaje metafórico y frenético.


Fausto (1926) de F.W Murnau

Adaptación de la novela homónima de Goethe. Fausto es un anciano sabio en busca de conocimiento, de una metafísica; en eso es tentado por Mefístofeles, el Diablo que busca extender su mal, su plaga a toda la tierra. Fausto es finalmente tentado por los ofrecimientos de juventud y vida eterna, hasta que el trato termina con una palabra: amor. Destacan los efectos especiales y la mano expresionista.


Metrópolis  (1927) de Fritz Lang

En la gran metrópolis se dividen las clases sociales, por un lado en la parte superior viven los ricos con sus lujos y cultivándose, por el otro los proletarios siendo explotados y devorados por la maquinaria. El hijo del hombre dueño de la ciudad se enamora de una muchacha explotada y se interna en el mundo de los proletarios y descubre su mundo precario y de esclavo, pero también de una posible rebelión. Destaca el decorado.


El hombre de la cámara (1929) de Dziga Vertov

Película experimental más representativa de Vertov. Ofreció una nueva manera de hacer cine documental ya que alejada de guiones, nos lleva por las calles de San Petersburgo en un día cotidiano, siendo la cámara nuestros propios ojos y en la que los personajes principales resultan ser habitantes comunes guardados en el anonimato de la gran ciudad. Destaca el montaje, en el que se mezclan lo irreal y lo real.


Umberto D (1952) de Vittorio de Sica

Obra maestra del neorealismo italiano. Umberto es un anciano jubilado en la italia post-guerra con una pensión pequeña que lo tiene viviendo en una habitación con problemas con la dueña a quien le debe dinero. Umberto se contenta con su perro Flike, con quien ha entablado una entrañable amistad. Destacan las actuaciones y el perrito.


Macario (1960) de Roberto Gavaldón

Nominada a la Palma de Oro y al Oscar de 1960. El más grande anhelo de Macario, -un campesino sumamente pobre-, es comerse un pavo completo el sólo; un día su esposa se roba uno y él decide ir al bosque para comerlo, ahí se le aparecen Dios, el diablo y la muerte para pedirle que lo comparta con ellos. Destaca la fotografía de Gabriel Figueroa.


El evangelio según San Mateo (1964) de Pier Paolo Pasolini (2 partes)

El Cristo de Pasolini. La película piú bella sobre la vida de Jesús, desde su nacimiento hasta el resucitar; recorre sus parábolas con raccords prodigiosos y un uso espacial notable donde suceden los acontecimientos. Destacan los planos secuencia y la música de Bach.


Persona (1966) de Ingmar Bergman

Obra maestra y personal de Bergman. Después de perder la voz, una actriz se va con su enfermera a vivir en una casa aislada del mundo en la que una habla y la otra sólo escucha, desencadenando una relación de complicidad y confusión entre las personalidades; más allá de la historia, tiene profundas connotaciones psicológicas y un interesante guión. Destaca la perfecta fotografía, un impecable blanco y negro así como la dirección; una belleza. Imperdible.


Nosferatu (1979) de Werner Herzog

Remake del Nosferatu de Murnau. Narra la historia del conde Drácula, quien se encuentra un día con Harker, un abogado que intenta venderle una casa en Wismar; Drácula se enamora de la fotografía de la esposa de Harker y viaja a Wismar en su búsqueda, llevando consigo muerte y destrucción a la ciudad. Destacan la dirección fotográfica y las actuaciones.


El sacrificio (1986) de Andréi Tarkovsky

Última obra maestra de Tarkovsky. Narra la historia de un periodista que vive preocupado por la falta de espiritualidad en el mundo, un día estando en una fiesta llega la noticia del inminente comienzo de la Tercera Guerra Mundial, lo que confirmará sus temores, pero uno de sus invitados lo convence de que conoce una bruja que puede salvar al mundo mediante un último sacrificio. Destaca la dirección fotográfica y la música de Bach, en especial su pieza final: “Erbarme dich, mein gott”.