alejandra_pizarnik_moonmagazine

 

La extracción de la piedra de la locura

 

Elles, les âmes (…), sont malades et elles souffrent et nul ne leur porte
remède; elles sont blessées et brisés et nul ne les panse.
Ruysbroeck

La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí
acerca del espíritu… Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la
niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te
sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio
siempre, las monedas de oro del sueño.
Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz
humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque.
Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo,
ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo sólo por saber si es verdad que
estoy debajo de la hierba. No sé los nombres. ¿A quién le dirás que no
sabes? Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. ¿Qué pasa en la
verde alameda? Pasa que no es verde y ni siquiera hay una alameda. Y
ahora juegas a ser esclava para ocultar tu corona ¿otorgada por quién?,
¿quién te a ungido?, ¿quién te ha consagrado? El invisible pueblo de la
memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino
por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No
obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla
de ti como si fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco
dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo
la luna sobre la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines,
no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo
que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu
mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de
tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio
el proceso a que me obligo. Oh habla del silencio.
De repente poseída por un funesto presentimiento de un viento negro que
impide respirar, busqué el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de
escudo, o de arma de defensa, o aun de ataque. Parecía el Eclesiastés:
busqué en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos
negros. Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar. ¿A
qué hora empezó la desgracia? No quiero saber. No quiero más que un
silencio para mí y las que fui, un silencio como la pequeña choza que
encuentran en el bosque los niños perdidos. Y qué sé yo qué ha de ser mí si
nada rima con nada.
Te despeñas. Es el sinfín desesperante, igual y no obstante contrario a la
noche de los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que
reanuda el fin de las aguas.

Sin el perdón de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no
puedo morir.
En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que
eres. Corazón de la noche, habla.
Haberse muerto en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse
dado vuelta como un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.
Hubiese querido más que esto y a la vez nada.
Va y viene diciéndose solo en solitario vaivén. Un perderse gota a gota el
sentido de los días. Señuelos de conceptos. Trampas de vocales. La razón
me muestra la salida del escenario donde levantaron una iglesia bajo la
lluvia: la mujer-loba deposita a su vástago en el umbral y huye. Hay una luz
tristísima de cirios acechados por un soplo maligno. Llora la niña loba.
Ningún dormido la oye. Todas las pestes y las plagas para los que duermen
en paz.
Esta voz ávida venida de antiguos plañidos. Ingenuamente existes, te
disfrazas de pequeña asesina, te das miedo frente al espejo. Hundirme en la
tierra y que la tierra se cierre sobre mí. Éxtasis innoble. Tú sabes que te han
humillado hasta cuando te mostraban el sol. Tú sabes que nunca sabrás
defenderte, que sólo deseas presentarles el trofeo, quiero decir tu cadáver, y
que se lo coman y se lo beban.
Las moradas del consuelo, la consagración de la inocencia, la alegría
inadjetivable del cuerpo.
Si de pronto una pintura se anima y el niño florentino que miras
ardientemente extiende una mano y te invita a permanecer a su lado en la
terrible dicha de ser un objeto a mirar y admirar. No (dije), para ser dos hay
que ser distintos. Yo estoy fuera del marco pero el modo de ofenderse es el
mismo.
Briznas, muñecos sin cabeza, yo me llamo, yo me llamo toda la noche. Y en
mi sueño un carromato de circo lleno de corsarios muertos en sus ataúdes.
Un momento antes, con bellísimos atavíos y parches negros en el ojo, los
capitanes saltaban de un bergantín a otro como olas, hermosos como soles.
De manera que soñé capitanes y ataúdes de colores deliciosos y ahora que
tengo miedo a causa de todas las cosas que guardo, no un cofre de piratas,
no un tesoro bien enterrado, sino cuantas cosas en movimiento, cuantas
pequeñas figuras azules y doradas gesticulan y danzan (pero decir no
dicen), y luego está el espacio negro -déjate caer, déjate caer-, umbral de la
más alta inocencia o tal vez tan sólo de la locura. Comprendo mi miedo a
una rebelión de las pequeñas figuras azules y doradas. Alma partida, alma
compartida, he vagado y errado tanto para fundar uniones con el niño
pintado en tanto que objeto a contemplar, y no obstante, luego de analizar
los colores y las formas, me encontré haciendo el amor con un muchacho
viviente en el mismo momento que el del cuadro se desnudaba y me poseía detrás de mis párpados cerrados.
Sonríe y yo soy una minúscula marioneta rosa con un paraguas celeste yo
entro por su sonrisa yo hago mi casita en su lengua yo habito en la palma de
su mano cierra sus dedos un polvo dorado un poco de sangre adiós oh adiós.
Como una voz no lejos de la noche arde el fuego más exacto. Sin piel ni
huesos andan los animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de
un solo pájaro te había aproximado al calor más agudo. Mares y diademas,
mares y serpientes. Por favor, mira cómo la pequeña calavera de perro
suspendida del cielo raso pintado de azul se balancea con hojas secas que
tiemblan en torno a ella. Grietas y agujeros en mi persona escapada de un
incendio. Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del
brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro,
yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. Y es sin gracia, sin
aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elegía a una causa primera: un grito, un
soplo, un respirar entre dioses. Yo relato mi víspera. ¿Y qué puedes tú? sales
de tu guarida y no entiendes. Vuelves a ella y ya no importa entender o no.

Vuelves a salir y no entiendes. No hay por donde respirar y tú hablas del
soplo de los dioses.
No me hables del sol porque me moriría. Llévame como a una princesita
ciega, como cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoño en un jardín.
Vendrás a mí con tu voz apenas coloreada por un acento que me hará
evocar una puerta abierta, con la sombra de un pájaro de bello nombre, con
lo que esa sombra deja en la memoria, con lo que permanece cuando
avientan las cenizas de una joven muerta, con los trazos que duran en la
hoja después de haber borrado un dibujo que representaba una casa, un
árbol, el sol y un animal.
Si no vino es porque no vino. Es como hacer el otoño. Nada esperabas de su
venida. Todo lo esperabas. Vida de tu sombra ¿qué quieres? Un transcurrir
de fiesta delirante, un lenguaje sin límites, un naufragio en tus propias
aguas, oh avara.
Cada hora, cada día, yo quisiera no tener que hablar. Figuras de cera los
otros y sobre todo yo, que soy más otra que ellos. Nada pretendo en este
poema si no es desanudar mi garganta.
Rápido, tu voz más oculta. Se transmuta, te transmite. Tanto que hacer y yo
me deshago. Te excomulgan de ti. Sufro, luego no sé. En el sueño el rey
moría de amor por mí. Aquí, pequeña mendiga, te inmunizan. ( Y aún tienes
cara de niña; varios años más y no le caerás en gracia ni a los perros.)
mi cuerpo se abría al conocimiento de mi estar
y de mi ser confusos y difusos
mi cuerpo vibraba y respiraba
según un canto ahora olvidado
yo no era aún la fugitiva de la música
yo no sabía el lugar del tiempo
y el tiempo del lugar
en el amor yo me abría
y ritmaba los viejos gestos de la amante
heredera de la visión
de un jardín prohibido

La que soñó, la que fue soñada. Paisajes prodigiosos para la infancia más
fiel. A falta de eso -que no es mucho-, la voz que injuria tiene razón.
La tenebrosa luminosidad de los sueños ahogados. Agua dolorosa.
El sueño demasiado tarde, los caballos blancos demasiado tarde, el haberme
ido con una melodía demasiado tarde. La melodía pulsaba mi corazón y yo
lloré la pérdida de mi único bien, alguien me vio llorando en el sueño y yo
expliqué (dentro de lo posible), palabras buenas y seguras (dentro de lo
posible). Me adueñé de mi persona, la arranqué del hermoso delirio, la
anonadé a fin de serenar el terror que alguien tenía a que me muriera en su
casa.
¿Y yo? ¿A cuántos he salvado yo?
El haberme prosternado ante el sufrimiento de los demás, el haberme
acallado en honor de los demás.
Retrocedía mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazón, la vía del
éxtasis entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de vientos negros.
Las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueños.
Puertas del corazón, pero apaleado, veo un templo, tiemblo, ¿que pasa? No
pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con
rumores de órganos vivos, calor, corazón, respiración, todo musical y
silencioso al mismo tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los
proyectos de perfección a largo plazo; medir cada día la probable elevación
de mi espíritu, la desaparición de mis faltas gramaticales. Mi sueño es un
sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que
asegura que morir es soñar. La luz, el vino prohibido, los vértigos, ¿para
quién escribes? Ruinas de un templo olvidado. Si celebrar fuera posible.

Visión enlutada, desgarrada, de un jardín con estatuas rotas. Al filo de la
madrugada los huesos te dolían. Tú te desgarras. Te los prevengo y te lo
previne. Tú te desarmas. Te lo digo, te lo dije. Tú te desnudas. Te
desposees. Te desunes. Te lo predije. De pronto se deshizo: ningún
nacimiento. Te llevas, te sobrellevas. Solamente tú sabes de este ritmo
quebrantado. Ahora tus despojos, recogerlos uno a uno, gran hastío, en
dónde dejarlos. De haberla tenido cerca, hubiese vendido mi alma a cambio
de invisibilizarme. Ebria de mí, de la música, de los poemas, por qué no dije
del agujero de ausencia. En un himno harapiento rodaba el llanto por mi
cara. ¿Y por qué no dicen algo? ¿Y para qué este gran silencio?


Otros poemas

LA NOCHE
Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la existencia con sus estrellas.
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.

Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.
Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella debe arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.
Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser.


SOLO UN NOMBRE
alejandra alejandra
debajo estoy yo
alejandra


CENIZAS
La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.
Pronto nos iremos
Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.
¿Qué haré conmigo?
Porque a Ti te debo lo que soy
Pero no tengo mañana
Porque a Ti te…
La noche sufre.


LA ENAMORADA
esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues
hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!


LEJANÍA
Mi ser henchido de barcos blancos.
Mi ser reventando sentires.
Toda yo bajo las reminiscencias de tus ojos.
Quiero destruir la picazón de tus pestañas.
Quiero rehuir la inquietud de tus labios.
Porqué tu visión fantasmagórica redondea los cálices de estas horas?


EL DESPERTAR

A León Ostrov

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios
Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo
Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones que man palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos
Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre
Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.
Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada
Señor

He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es o nunca jamás o simplemente fue
¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde
Señor
Arroja los féretros de mi sangre
Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón
Recuerdo las negras mañanas del sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo


Fragmentos para dominar al silencio
I
Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a
través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una
niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido
iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria.
La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e
imploró llamas y ardimos.
II
Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no
guarecen, yo hablo.
Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán
para sollozar entre flores.
No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellas las
hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.
III
La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aun si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no
tiene destino.


(La extracción de la piedra de la locura y otros poemas, Visor de poesía)

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