Movimiento

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¿Qué se puede hacer?. La situación es la misma en todo el mundo. Los hombres están en una posición de privilegio y no van a querer moverse de ahí, los comentarios machistas están implicitos en lo cotidiano y explícitos cuando no está la presencia de la mujer. Entiendo que las mujeres no crean en el amor, el hombre utiliza la palabra de una manera instrumental, manipulativa para el control de la mujer; la palabra va perdiendo todo su signficado inefable y revolucionario, todas sus posibilidades de creación. Por ello, es importante que las mujeres sean las conscientes de la situación, no queda otra salida que amarse a sí mismas y luchar. No son objetos que están para complacer al hombre, tienen también un discurso y una esperanza. Hay que saber con quienes rodearse, la convivencia nos hace adoptar actitudes de otros, configurar nuestro propio espíritu.

Veo una luz en estas pequeñas luchas de conscientización: en la sororidad, en la sensibilidad, en la empatía. Creo que el afán debe ser hegemónico, y por lo tanto debe existir una lucha cultural constante. El hombre no va a querer cambiar, eso es seguro; pero la mujer tiene herramientas para la resistencia: tienen el NO (“el silencio” en Maria Luisa Bombal. Este “NO” muchas veces no es respetado por el hombre), tiene la fuerza y hermandad de sus compañeras (el “creo en ti”, una lucha contra la deslegitimidad de la palabra de la mujer), tiene la voz y el arte; tienen más.

Hay un despertar en América Latina, y esta vez es fuego.

Agonía fuera del muro

Miro las herramientas,
El mundo que los hombres hacen, donde se afanan,
Sudan, paren, cohabitan.El cuerpo de los hombres prensado por los días,
Su noche de ronquido y de zarpazo
Y las encrucijadas en que se reconocen.

Hay ceguera y el hambre los alumbra
Y la necesidad, más dura que metales.

Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra
Que todavía la especie no produce?)
Los hombres roban, mienten,
Como animal de presa olfatean, devoran
Y disputan a otro la carroña.

Y cuando bailan, cuando se deslizan
O cuando burlan una ley o cuando
Se envilecen, sonríen,
Entornan levemente los párpados, contemplan
El vacío que se abre en sus entrañas
Y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.

Yo soy de alguna orilla, de otra parte,
Soy de los que no saben ni arrebatar ni dar,
Gente a quien compartir es imposible.

No te acerques a mi, hombre que haces el mundo,
Déjame, no es preciso que me mates.
Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren
De algo peor que vergüenza.
Yo muero de mirarte y no entender.

(Rosario Castellanos)

 

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