Gonzalo Millán (1947-2006) Nació un 1 de Enero en Santiago, Chile. Fue poeta chileno, parte de la llamada generación del 60´ (junto a Cecilia Vicuña, Claudio Bertoni, Manuel Silva Acevedo, etc.) . Estudió literatura en la Universidad de Concepción y Artes de la Comunicación en la Universidad Católica, estudios que tuvo que interrumpir tras el golpe de Estado en el cuál partió al exilio. Primero llegó a Costa Rica, para posteriormente asentarse en Canadá en dónde escribió gran parte de su poesía. Vuelve a Chile en 1984 por un par de años, y luego emigra nuevamente, esta vez a Holanda por una década. Regresa en 1995 a Chile, y allí reside y trabaja hasta su fallecimiento el año 2006 luego de luchar contra un cáncer al pulmón.

En el exilio fundó la revista Cordillera y volviendo a Chile la revista El espíritu del Valle. Su poesía tuvo influencias de la poesía prosaica de Nicanor Parra, de la poesía intelectual de Enrique Lihn, de la poesía concreta de Brasil, de la poesía cotidiana de William Carlos Williams, entre otros.

La poesía de Millán es un retrato de la modernidad: su ciudad, los artefactos, los electrodomésticos, la vida conyugal y solitaria, los tiempos y la memoria perdida entre basurales de deshechos, el consumo. Es una poesía infecta con un lenguaje cotidiano, directo, a momentos amargo y roído desde un alegato civil que se pierde en la ciudad, pero que perdura en uno.

Algunos de sus libros publicados

  • Relación Personal (1968)
  • La ciudad (1979)
  • Dragón que se muerde su cola (1984)
  • Vida (1984)
  • Virus (1987)

Premios

  • Pedro de Oña 1968
  • Pablo Neruda 1987
  • Premio Altazor 2006
  • Premio Consejo de Cultura de Chile 2006

A continuación les dejo una amplia selección de su poesía, en ella no incluyo los poemas de «La ciudad», ya que considero que al ser un libro tan orgánico su lectura fragmentada entorpecería su sentido, por lo que recomiendo leerlo completo. Sin más:


En blancas carrozas viajamos

Ocultos entre raíces
manchadas por hollejos de frutas,
y humaredas de hojas y papeles,
se endurece en mis manos sucias,
al palpar la rubia
sedosidad niña de tus piernas,
la celeste cornamenta de mis venas.

Tú con una piedra rompes
un cuesco de durazno,
mascas la amarga semilla
y endulzada la echas en mi boca.

Yo me humedezco un dedo
y en el muslo trazo con saliva
las iniciales de tu nombre.
Tú le echas tierra.
Después el polvo cae.

1968


El mar y tu axila

La oscuridad procaz
en el doblez de tu brazo
y la arena ardiente
cociendo los caracoles.

Miré tu axila
asombrosamente blanca,
luego el mar
asombrosamente azul,
y reflexioné taciturno:

Hoy vi en el lavatorio
la máquina sucia de pelos
y en la arena mojada
un pescado muerto que hedía.

Tu axila, asombrosamente blanca.
El mar, asombrosamente azul.
Las algas pudriéndose verdes
entre las rocas.

1968


Y ahora no sé como salirnos de nosotros

Como la cáscara del pan encierra la miga
así yo te guardaba…
Tu harinosa masa se añejó en esponja seca
y onerosa te contengo, duro y vano.
Dime ¿esperas a alguien que nos pida
el duro pan nuestro diario y se lo lleve?
o acaso,
¿el renacer de la tibieza y el aroma
gracias al empleo de un fuego lento
que sólo nos carbonizará en una parrilla?

1968


Eclipse

Y a veces pienso que después de tanto
y tanto aire, soplo y saliva malgastados
en el intento de apagar el sol,
como me dijeron,
estará sólo la manta de la oscuridad,
ahogándome,
y nada más en torno a mi cabeza,
si lo apago.

1968


Dragon que se muerde la cola

I

En el vientre de nuestra madre
copulamos con mi sombra hermana.
Nacidos bajo un astro nefasto,
¿Quién es inmortal? ¿Quién fue
muerto bajo el mismísimo lucero?

II

Me recreo con agua
y tierra y me creo,
pequeño niño Dios
de barro, a mi propia
imagen y semejanza.

III

Me preño, me alimento y crezco
ovillado en mi interior, me hincho
y pateo el vientre hasta dolerme.
Un día me canso de esperarme,
me enlazo el cordón al cuello,
me saco la lengua y aborto.

IV

Me diviso entrando
a una pieza
cuya puerta
cierro con llave.
Corro en punta
de pies a espiar
mis secretos manejos
y veo por la cerradura
que me mira mi ojo.

V

Me siento a cenar
y me sirvo,
bien preparado
y compuesto
para mi gusto
en un plato.
Me devoro con hambre,
tenedor y cuchillo,
y rebaño hasta dejar
libre la silla
y limpio el plato.

VI

Lanzo por la ventana
todo el mobiliario
del comedor, del dormitorio
y de la sala;
los muebles de cocina
y la vajilla.
Desmantelo el techo,
el piso y las paredes.
Sumo todo lo que resta
y al fin arrojo la ventana
tras de la cual me descubro
al otro lado de la calle,
en un sitio eriazo, solo.

VII

Me enamoro de una mujer
Y me abandono por meses.
Me diviso en su compañía
por plazas y avenidas
y me siento muy solo,
hasta que me veo regresar,
triste, dispuesto a olvidarla.

VIII

Proyector del rotativo
de mi mente. Aburrido
de unas cortadas películas
vistas hasta el cansancio,
con la linterna
alumbro mi sexo.

IX

Juego con una oruga
como un huérfano
con su miembro secreto.

X

Diminuta y viscosa,
me adhiero a mi espalda blanca y me chupo,
en sangrienta amapola me englobo, jorobado
a mí mismo me peso desangrado,
me adhiero a mi henchida bolsa y me chupo:
Diminuto y pálido, voraz gusano

XI

Mantengo entre los dedos
pulgar e índice
una esférula negra,
la O de un monosílabo
como la de Yo o No;
cochinilla de humedad,
minúsculo armadillo
que en si mismo se cierra.

XII

Me pago de mí mismo
y me doy
vuelto y vuelta
el sello y la cara.

XIII

Exploro como un guante
mi cuerpo. Toco
con un dedo el techo
de mi cráneo.
No hay más allá
del firmamento pintado
en la bóveda del hueso.
No hay en mi cuerpo
de títere otro secreto
fuera de mi mano.

XIV

Me señalo la sien
Y me disparo
con el dedo.
Oigo el estampido,
veo humear el dedo
y con sorpresa siento
como la bala entra
a la fuerza en la cabeza.

XV

Piero la fe en mí mismo.
Hago heces invisibles
y desaparezco en el aire.

XVI

La concavidad habló, me dijo,
eco eres de un eco. Escucha
cómo con el sonido de tu voz
se multiplican mis nietos.

XVII

Esta es la despedida.
Me saco la camiseta
color carne
de hombre de historieta,
y cierro mis tristes ojos,
color del humo
de un agua que hierve.

XVIII

Quiero decir amor
hasta perder la voz,
la entraña, el seso,
tal como todo
lo que en aire, mar
y tierra alienta
y clama por pareja.

Me prometo:
No más saña de alacrán
en círculos de fuego.

1984



Vida

Un pájaro vuela, galopa un caballo;
un gato trepa por un álamo,
un pez nada río arriba.
Las plantas cuando crecen
lentamente se mueven,
si extienden sus ramas,
se hunden las raíces en la tierra
y cuando abren sus flores.

El pájaro huye si se quiebra la rama.
El perro acude al escuchar la voz del amo.
Los peces vienen en masa
cuando se echan migas en el agua.
El animal salvaje, por ejemplo el puma,
olfatea de lejos a su presa.
Y la sensitiva cierra sus hojas
si casi se la toca.

Las aves se alimentan de insectos,
semillas, peces o alimañas.
Los animales pacen o se devoran.
El hombre es omnívoro.

El pez y el pájaro cubren a la hembra
en el viento o en el agua.
El perro se monta sobre la perra.
El hombre se tiende sobre la mujer
y entra por sus piernas entreabiertas.
Los árboles se fecundan con el viento.

El pez raja la ova;
el pájaro triza el huevo y deja el nido,
y uno echa plumas y el otro escamas.
El animal nace con pelaje en las entrañas.
La planta arranca de la semilla
y echa al aire corteza y vellos.
El hombre sale del vientre
desnudo y cubierto de sangre.

El lagarto cría nueva cola
si pierde la antigua,
y los cangrejos si pierden pinzas y patas,
echan pinzas y patas nuevas.
Las heridas de hombres y animales cicatrizan;
los huesos quebrados sueldan solos.

Se desgastan las células,
los órganos, los tejidos.
Disminuyen las fuerzas vitales.
La muerte es el fin de la vida.

1984


Árbol de la vida

Si
el amor
junta dos manos
las mitades del árbol
reúne
partido en dos
por un rayo.

1984


Apocalipsis doméstico

Las sábanas regaladas para la boda
se gastaron y tienen agujeros.
Se quebraron los platos
en escaramuzas domésticas.
Las tazas están saldadas y sin asas.
Se perdieron tenedores y oxidaron
Los cuchillos del servicio inoxidable.
La juguera está descompuesta.
Y empeñada la sortija de diamantes.
En el tablero del calendario
están todos los días tarjados.
Al reloj de le acabó la cuerda.
Se acabaron el té, el café,
el pan, la mantequilla.
Quedan sólo unas gotas de aceite.
Vacíos cascarones, de los huevos.
En el refrigerador hay solamente
una mitad de cebolla estreñida
y una mamadera con leche agria.
Una laucha oculta en su cueva
roe los restos de un terrón de azúcar.
La estufa se apagó anoche
después de consumir su combustible.
Cortaron el teléfono
Y pronto cortarán la luz.
Quedan tres o cuatro ampolletas
indemnes en toda la casa.
Las velas se convirtieron en cabos.
Se terminó el papel higiénico
y el excusado está tapado
con pedazos de papel de diario.
Se desvanecerá el jabón
en la próxima lavada de manos.
La peineta perdió otro diente.
La trizadura del espejo es otra arruga.
No queda ropa limpia.
Hay pañales sucios en la tina.
Se le cayó el último botón
que le quedaba en la camisa.
En la superficie de la mesa,
impresiones de pequeñas manos,
baberos, platos sucios
con migajas y raspas de pescados.
Vasos con secas borras moradas.
En la frutera vacía,
dormita ovillado el gato.
El auto viejo estacionado afuera
no arranca desde hace meses o años.
Inmóvil descansa con sus ejes,
sobre pilas de piedras y ladrillos.
Le robaron los neumáticos, los focos
y cada día lo despojan de nuevas piezas
como un gran insecto muerto
que devoraron invisibles hormigas.
El jardín está exuberante, lozano.
Invadido de malezas que asfixian las plantas.
La manguera serpeante es invisible.
Se escapó de su jaula el canario.
Y el pez de color se ahogó
y quedó flotando panza arriba
en el agua turbia de su redoma.
El perro royó su soga
y se marchó a la siga de una perra.
El lechero ya no trae lecha a la casa,
ni el suplemento reparte periódicos.
El cartero trae sólo cuentas impagas.
Sobres con ventanas que nadie abre.
Los acreedores golean largamente,
pero nadie abre, nadie responde.
El basurero pasa dos veces por semana,
pero lo hace demasiado temprano.
En el patio los tarros desbordantes hieden.
El televisor encendido sin sonido
arroja movedizas sombras
sobre el suelo entalcado
por el yeso que llueve del cielorraso.
Un niño en un corral de palo,
entre juguetes rotos
se desgañita llorando,
hambriento y mojado,
la húmeda boca abierta,
los ojos vidriosos de lágrimas,
mirando
cómo la bestia de las dos espaldas
gruñendo convulsa se revuelca
intentando devorarse a sí misma.

1984


Hoy no haré trabajo voluntario

Para Andrés y Mauricio Millán

Aunque en las calles lluevan
palos y piedras hoy debo
atravesar la ciudad revuelta.
Nada podrá detenerme,
ni barricadas llameantes
ni gases lacrimógenos.
Avanzo como un ciempiés
bajo una cáscara de huevo
llevando a casa de mi padre
una pequeña tina de baño
para mi hermano recién nacido.
Y no puedo detenerme.
Después escribo.

1984


Familia

…los relojes cesaron y los hombres quedaron
desiertos de movimiento y de voz.
Carlos Pellicer

El dueño de casa da unos pasos
dentro de rígidos pantalones,
mueve sonriendo la cabeza
de izquierda a derecha
mientras la radiante esposa
repite un ademán con el brazo;
a su lado, estático, se detiene
y risueños se abrazan.

Contemplan cómo en el prado
los niños lanzan alegremente
una pelota a un perro y el perro
con la pelota en el hocico corre
a dejarla a los pies de los niños
sin dejar de acezar y menearñes
con insistencia el rabo.

El reloj da la hora y al mismo tiempo
las manecillas se detienen.
Descompuesta la maquinaria,
la familia nos sonríe, inmóvil.

1984


Vaso

Un espejismo cristalizado
de la sed es el vaso;
palacio límpido con un foso
sin puente, resbaladizo.
Deseo insaciable de nada.
Salvo el aire.
Allí es leve lo pleno
y lo hueco es grave.
Bebo vidrio del vaso vacío.

1984


Larga distancia

Balbuceamos como bobos
y en seguida callamos,
la boca del uno
en la oreja del otro, gracias
a este interpuesto aparato.

Tanto que decirnos
y no saber cómo. Llamamos
a través de los océanos
como anónimos perversos
sólo para oírnos acezar
y escucharnos los alientos.

Después tu voz repitiendo,
tengo que colgar,
tengo que colgar y el ojo
vacío de una aguja inmensa
enhebrando el hilo telefónico
para coserme los oídos
con tu silencio.

1984


El Río

Persigo a una hermosa muchacha
que mueve sus largas piernas
al unísono con las mías,
pedaleando como la sombra
disforma sigue a su cuerpo;
veloz en la bicicleta negra;
corriendo entre ambos, el río.

1984


Niño

Encontrarán siglos después,
cuando sólo queden los envases
De una sociedad
que se consumió a sí misma,
sus restos
de pequeño faraón dentro
de un refrigerador descompuesto,
enterrado
bajo unas pirámides de basura.

1984


Refrigerador

Tras la vidriera
abre la puerta
y exhibe el interior
repleto de comestibles
de plástico y frutas de cera
y la cierra;
abre su puerta,
exhibe su interior
repleto de comestibles
de plástico y frutas de cera
y la cierra,
y algunos se van,
pero nunca faltan
los que atraídos se detienen
a ver como el refrigerador
abre la puerta
Y exhibe el interior
repleto de comestibles
de plástico y frutas de cera
y la cierra;
abre su puerta
exhibe el interior
repleto de comestibles
de plástico y frutas de cera
y la cierra…

1984


Testamento

Odio los testamentos y odio las tumbas
Baudelaire

Al fuego, mi único heredero,
dejo mi noble cuerpo,
y al viento albacea,
la dispersión de mis cenizas.

Nada dejo a la tierra
que invierte
la carne en sus entrañas.

A la poesía lego
la imagen póstuma
de mi corazón martillando
como un puño de brasa
el refrigerador del infierno.

1984


Automóvil

El automóvil es celeste, metálico y cromado
con un motor, rejillas, estanque y hélices,
lubricados con aceite mineral y grasas,
que ruge, tiritan, se vacía y giran
por medio de pedales, botones y llaves.
Dentro van por tubos, líquidos minerales
Que una chispa prende con ruido y humo quema.
Tiene luz generada por baterías con ácido,
cables multicolores finos y faroles,
intermitente y roja para las señales,
amarilla para las noches y la niebla.
Las puertas se abren, cierran, suaves,
y para introducir o dejar el aire
los vidrios se bajan o suben.
Los asientos acomodables se reclinan,
rellenos de resortes, esponjas y espuma,
recubiertos por el plástico y la goma.
Las cuatro ruedas de caucho ruedan
Y con un volante se retuercen o enfilan.
El acelerador se aplasta sin freno corre;
las llantas resbalan, chillan y se queman,
se abolla la lata y quiebra, retuerce,
los esmaltes y cristales se destruyen,
y el hombre puede salvar ileso o muere.

1984


El objeto

Digo triunfalmente al objeto
codiciado: –Eres mío ahora.
El objeto impenetrable, opaco
me objeta: –Me compras,
pero no has pagado mi secreto.

1984


¡Esplendoroso día!

Y lava, encera, acaricia
como no acariciará nunca
a su mujer ni a los hijos
el necrófilo, su automóvil.

1984


Noche

Los días se distinguen. La noche
no tiene más que un solo nombre.
Elías Canetti

Atardece
como un amanecer a la inversa
retrocediendo hacia la noche.

Y cuando la noche cae,
nadie sabe
si abre o cierra los ojos,
si se desnuda o se viste,
si se levanta o se acuesta.

Nadie sabe si llega o sale,
si abre o cierra la puerta,
si estos son los sueños de ayer
o las pesadillas del mañana.

1984


Piscis

Los ojos de los peces
estaban
siempre mirándonos,
abiertos y voraces,
desmesurados como soles.

Y lo ignoramos
con nuestra ceguera
de gusanos,
atentos únicamente
al dolor del anzuelo.

1984


Nadie

Las calles están silenciosas
y desiertas. Solamente cruzan
las sombras de los árboles.

No se oyen pájaros, bocinas
ni siquiera el motor inminente
de un auto siempre aproximándose.

Los ascensores, las escaleras
y pasillos de los edificios, vacíos.

Es una cocina un charco
en torno al refrigerador
que se deshiela
con sus bandejas desnudas
y la puerta abierta.

Conservada en el hielo
no hay más que una arveja
muy pequeña, redonda y verde.

1984


Virus

Si llevas el veneno
en las fauces,
muérdete la cola
donde está el antídoto
como el ouróboros.

1987


Chicle

Como un chicle que ha perdido
hace tiempo su sabor y aroma,
vuelves a corregir este texto
soso, amorfo y descolorido
Que ya sólo sabe y huele
a la lengua que lo amasa,
a los dientes que lo mastican.

1987


Aspiración expirada

Llegar a escribir
algún día
con la simple
sencillez del gato
que limpia su pelaje
con un poco de saliva.

1987


Combatiente

Queriendo
luchar
con la pluma
escribes
dinamita
mojada
con tinta.

1987


Firma en blanco

Firmas en blanco. Al rubricar
borras todo lo escrito antes
arriba, de atrás para adelante.

En el hueco que han dejado
tus libros, limpio,
queda disponible el papel
libre de todo resentimiento.

1987


El papel

Motel de la pluma;
hospital de la tinta.
La partida y el acta:
el pañal y el sudario.

1987


La palabra

Amar y desamarla:
hallazgo y extravío.
Armarla y desarmarla:
aprendizaje y hastío.

1987

(Poemas extraídos y pasados a mano desde «Trece Lunas» Antología de Gonzalo Millán, Fondo de Cultura Económica, 1997) (Parte de las fotografías utilizadas fueron sacadas de memoriachilena) (La pintura de la entrada es «La ciudad» de Aleksandra Ekster de 1919)